Cuando pensamos hacer un pequeño recorrido de reconocimiento por la región en la que ahora nos encontramos solemos pedir recomendaciones a los lugareños (Vallesanos) para poder aprovechar al máximo esas pequeñas rutas en las que vamos descubriendo nuevos sabores y costumbres de México, en esta ocasión nos dirigimos hacia el pueblo de Zacazonapan haciendo algunas escalas en las comunidades que quedan hacia esta localidad. Debo confesar que este viaje fue un poco menos pintoresco que el anterior (hacia Santo Tomas de los Plátanos), ya que el paisaje empieza a tornarse un poco árido al inicio de la ruta, y conforme se avanza en la carretera se pueden sentir claramente los cambios de temperatura (un poco de calor), que contrasta claramente con el clima del Valle, creo tener entendido que hacia esta parte del país los oriundos reconocen como el inicio de Tierra Caliente lo que está claramente confirmado por un servidor, que al prever un viaje con temperaturas más bajas opto por enjaretarse prendas de algodón y mezclilla que hicieron una suerte de traje de hibernación que me llevo en estado somnoliento por los caminos que recorrimos hasta que llegamos al pueblo de Temascaltepec (Cerro de los Temascales o Baños de Vapor) donde me ventile de las prendas y dio inicio nuestro pequeño festín.
Pasadas las 10.30 de la mañana llegamos al primer pueblito de la ruta, sin tener mayor noción de lo que encontraríamos más que la recomendación del día (Vayan se van a divertir…) pues aplicamos la de rigor, dejar el auto lo más cercano a la plaza del pueblo, teniendo la certeza de que encontraríamos el mercado municipal y la iglesia en la misma explanada, por fortuna así fue, pasamos por una escuela donde los estudiantes entonaban ¡México Lindo y Querido!, que nos causo una grata impresión con sabor de nostalgia. De la escuela pública a la plaza serán escasos 20 metros y de ahí algunos 50 metros más subiendo una pequeña escalinata que atraviesa el atrio de la iglesia hasta topar con los portales del mercado al cual se accede nuevamente por algunos escalones. Al ingreso encontramos una nueva variedad de panes en formas de roscas y polvorones, cuando le pregunte a la lugareña por el nombre de los mismos para mi decepción no los sabia (imposible), solo de uno que probablemente sea el típico de la región denominado Lasloyos, una pieza de 35 a 40 cm de largo escarchado de azúcar y que en su interior al momento de partirlo se encuentra un tipo de almíbar de piloncillo, después de escoger algunas pie
zas les preguntamos a las vendedoras sobre la comida típica de la región, a lo que nos comentaron que en el tercer piso en el interior del mercado encontraríamos cafeterías y fondas donde podíamos probar cosas típicas, así que con tan dudosa información decidimos dar una vista (para ver si apetecía lo que se vendía, y por supuesto saber si en realidad era comida típica), en nuestro camino a la zona de alimentos encontramos la parte de frutas, verduras, quesos, quelites, hierbas aromáticas, donde encontramos algunas de las cosas interesantes que nos dejo este recorrido; Tequezquite, Guajes, Tomate Manzanero y Papa Piñatera, esta ultima ya había tenido la oportunidad de conocerla en un puesto de Valle de Bravo, sin embargo no la había probado hasta el día de hoy en el cual también
me comentaron que es un producto que se da en la regiones frías de Sultepec (El cerro de las codornices), esta papa tiene un aspecto entre tuberculoso, con el parecido a una raíz de jengibre, de color entre morado y magenta con una textura parecida al xoconostle (tuna agria) sin semillas, pero de sabor entre ciruela española y rábano ligero. Por otra parte al ver el tomate manzano me daba extrañeza, un tomatito amarillo de cascara verde similar al que utilizamos para hacer salsas verdes y moles, pero con una apariencia completamente diferente, al preguntarle al verdulero sobre su origen nos comento que se cosecha en el pueblo de Luvianos a escasos 45 minutos, por lo que decidimos postergar nuestro viaje a Zacazonapan y regresar en un futuro, dándonos tiempo de conocer un poco más de la localidad de Luvianos y su Tomate Dulce.
Con un nuevo destino y aun sin desayunar, le preguntamos a la madre del verdulero sobre comida típica y nos comento que hacían una barbacoa de borrego y una birria de cabrito algunos metros debajo de los portales del mercado por lo cual decidimos hacer caso de la recomendación, cuando llegamos a la ubicación que nos dieron encontramos tres locales, y
haciendo una suerte de inspección de reojo optamos por el local que tenia mas lugareños (prueba infalible de que es el lugar adecuado), le pregunte al birriero que si el era el bueno , lo que basto para sacar una pequeña letanía que se resumió en algo así como en 50 años en el mismo sitio con las recetas que inicio su padre, por si quedaran dudas el sitio se llama “El Sabor” y efectivamente su dueño el Sr. Juan Jaime Salinas no erro en ponerle tan atinado nombre, es verdad que no ha sido la mejor barbacoa que haya comido, sin embargo si se encuentra dentro de los estándares para un rico desayuno; dos de pancita (montalayo en otros estaos) y uno de maciza (Carnita, sin grasa) con un consomé calientito, acompañado con una salcita de chile manzano. Quedamos listos para continuar a Tejupilco (Texopilli) antes de llegar a la región del tomate manzano.
Pasadas las 10.30 de la mañana llegamos al primer pueblito de la ruta, sin tener mayor noción de lo que encontraríamos más que la recomendación del día (Vayan se van a divertir…) pues aplicamos la de rigor, dejar el auto lo más cercano a la plaza del pueblo, teniendo la certeza de que encontraríamos el mercado municipal y la iglesia en la misma explanada, por fortuna así fue, pasamos por una escuela donde los estudiantes entonaban ¡México Lindo y Querido!, que nos causo una grata impresión con sabor de nostalgia. De la escuela pública a la plaza serán escasos 20 metros y de ahí algunos 50 metros más subiendo una pequeña escalinata que atraviesa el atrio de la iglesia hasta topar con los portales del mercado al cual se accede nuevamente por algunos escalones. Al ingreso encontramos una nueva variedad de panes en formas de roscas y polvorones, cuando le pregunte a la lugareña por el nombre de los mismos para mi decepción no los sabia (imposible), solo de uno que probablemente sea el típico de la región denominado Lasloyos, una pieza de 35 a 40 cm de largo escarchado de azúcar y que en su interior al momento de partirlo se encuentra un tipo de almíbar de piloncillo, después de escoger algunas pie
zas les preguntamos a las vendedoras sobre la comida típica de la región, a lo que nos comentaron que en el tercer piso en el interior del mercado encontraríamos cafeterías y fondas donde podíamos probar cosas típicas, así que con tan dudosa información decidimos dar una vista (para ver si apetecía lo que se vendía, y por supuesto saber si en realidad era comida típica), en nuestro camino a la zona de alimentos encontramos la parte de frutas, verduras, quesos, quelites, hierbas aromáticas, donde encontramos algunas de las cosas interesantes que nos dejo este recorrido; Tequezquite, Guajes, Tomate Manzanero y Papa Piñatera, esta ultima ya había tenido la oportunidad de conocerla en un puesto de Valle de Bravo, sin embargo no la había probado hasta el día de hoy en el cual también
me comentaron que es un producto que se da en la regiones frías de Sultepec (El cerro de las codornices), esta papa tiene un aspecto entre tuberculoso, con el parecido a una raíz de jengibre, de color entre morado y magenta con una textura parecida al xoconostle (tuna agria) sin semillas, pero de sabor entre ciruela española y rábano ligero. Por otra parte al ver el tomate manzano me daba extrañeza, un tomatito amarillo de cascara verde similar al que utilizamos para hacer salsas verdes y moles, pero con una apariencia completamente diferente, al preguntarle al verdulero sobre su origen nos comento que se cosecha en el pueblo de Luvianos a escasos 45 minutos, por lo que decidimos postergar nuestro viaje a Zacazonapan y regresar en un futuro, dándonos tiempo de conocer un poco más de la localidad de Luvianos y su Tomate Dulce.Con un nuevo destino y aun sin desayunar, le preguntamos a la madre del verdulero sobre comida típica y nos comento que hacían una barbacoa de borrego y una birria de cabrito algunos metros debajo de los portales del mercado por lo cual decidimos hacer caso de la recomendación, cuando llegamos a la ubicación que nos dieron encontramos tres locales, y
haciendo una suerte de inspección de reojo optamos por el local que tenia mas lugareños (prueba infalible de que es el lugar adecuado), le pregunte al birriero que si el era el bueno , lo que basto para sacar una pequeña letanía que se resumió en algo así como en 50 años en el mismo sitio con las recetas que inicio su padre, por si quedaran dudas el sitio se llama “El Sabor” y efectivamente su dueño el Sr. Juan Jaime Salinas no erro en ponerle tan atinado nombre, es verdad que no ha sido la mejor barbacoa que haya comido, sin embargo si se encuentra dentro de los estándares para un rico desayuno; dos de pancita (montalayo en otros estaos) y uno de maciza (Carnita, sin grasa) con un consomé calientito, acompañado con una salcita de chile manzano. Quedamos listos para continuar a Tejupilco (Texopilli) antes de llegar a la región del tomate manzano.
De Temascaltepec a Tejupilco serán escasos 20 minutos, continuando por la carretera que en ocasiones se vuelve de dos carriles, con la finalidad de que uno pueda librar algunos camiones o bajar el paso para ir reconociendo la orografía del lugar. En este camino se puede ver sobre la carretera los arboles de Guajes (o Guachis) vainas de color rojo intenso, es así que se recomienda su consumo, entre más vivo sea su color, siendo preparado en tortitas, con frijoles, con huevos en revueltos, o como nos explico otro verdulero, para acompañar cualquier platillo simplemente a mordidas, o en una salsa típica de San Francisco de Oxtotilpan, la salsa de guajes (Chile serrano, cebolla, guajes, tomate). En Tejupilco (En los dedos de los pies) no encontramos gran cosa, algunos puestos de oro (creo existe una mina que extrae este metal de manera importante), una placeta con portales que vendían en un mismo local queso, guaraches o zapatos indistintamente, y los panes de estas fotos (Pan Recortado y Pan de Suelo Tallado en Ladrillo), solo valió la escala por los productos del horno. 
Continuando nuestro viaje, abordamos nuevamente nuestro camino hacia Luvianos, de Tejupilco hicimos aproximadamente 35 minutos, por la misma carretera que he descrito con anterioridad (Temascaltepe- Zacazonapan), hasta llegar al entronque que desvía al pueblo, en este fragmento el paisaje se vuelve más árido, los arboles de Guajes se reconocen secos y viejos, dando paso a vainas mas grandes (con las que juegan algunos niños ), se pueden ver algunos árboles de mango, papaya, y algunos colorines, así como pequeñas mesas en la angosta carretera en las que venden; jícamas, piña y sandias, la temperatura incrementa fácilmente de 4° a 5 °, lo que me hizo pensar que encontraríamos una pequeña villa de dos cuadras por dos, que no justificaría nuestro desvió, ni el camino recorrido atestado de baches y algo polvoriento. Pasaron algunos 5 minutos del fatídico augurio cuando vislumbramos la entrada al pueblo, convenientemente el pueblo era más grande de lo que ya habíamos imaginado, sin embargo ya casi lo habíamos cruzado sin encontrar algo que llamara nuestra atención. Con el paisaje y el calor que empezaba a abochornarnos decidimos hacer una escala más, pero en esta ocasión a un expendio de cerveza como si de un oasis en medio del desierto se tratara, pedí nuestras bebidas al tiempo que le preguntaba al cervecero las tipicidades de la localidad, a lo que me empezó a explicar que el mercado municipal aun no estaba terminado pero nos podía mandar al tianguis donde se abastecían y
comerciaban las personas de la región, mientras el luvianence me explicaba generalidades del pueblo (a que se dedicaban, su comida típica, etc.), me refrescaba con las bebidas que nos había preparado, pocos minutos después apareció una señora entrada en años que andaba con sus dos hijos empujando una carretilla en la cual traía ollas de peltre y vaporeras, por recomendación del cervecero nos obsequiaron un tamal de ejote con mole de guajolote, para probar lo típico del pueblo, el tamal estaba envuelvo en la misma hoja de la milpa y en la olla del mole se encontraban las piezas del guajolote; alas, huacal, piernas, pescuezo, etc. Guille escogió la pechuga y unos tamalitos más para comer más tarde ($40.00), cuando vi la carretilla no resistí la tentación de tomarle una fotografía, el molito casero, las ollas, los tamales de ejote, me parecía que solo por esa imagen, y por supuesto los sabores que probamos habría valido la pena el traslado, cuando saque mi cámara y buscaba la forma de hacer la toma, uno de los hijos de Doña Hortensia Benítez (la tamalera) nos preguntaba que si éramos científicos, a lo que entre risas le respondí, ¡No, no somos científicos, somos unos verdaderos tragones!, les dimos las gracias, ellos continuaron su vendimia y nosotros tomamos nuestro camino de regreso, las cervezas hicieron su efecto y acabe súpitamente dormido, de los Tomates Dulces, solo sé que se cultivan en el Paso del arenal, en las Trojes y en el Cerro del Vedado, lo probé y me pareció buenísimo, como para incorporarlo en un postre al plato. Hare algunas pruebas….
comerciaban las personas de la región, mientras el luvianence me explicaba generalidades del pueblo (a que se dedicaban, su comida típica, etc.), me refrescaba con las bebidas que nos había preparado, pocos minutos después apareció una señora entrada en años que andaba con sus dos hijos empujando una carretilla en la cual traía ollas de peltre y vaporeras, por recomendación del cervecero nos obsequiaron un tamal de ejote con mole de guajolote, para probar lo típico del pueblo, el tamal estaba envuelvo en la misma hoja de la milpa y en la olla del mole se encontraban las piezas del guajolote; alas, huacal, piernas, pescuezo, etc. Guille escogió la pechuga y unos tamalitos más para comer más tarde ($40.00), cuando vi la carretilla no resistí la tentación de tomarle una fotografía, el molito casero, las ollas, los tamales de ejote, me parecía que solo por esa imagen, y por supuesto los sabores que probamos habría valido la pena el traslado, cuando saque mi cámara y buscaba la forma de hacer la toma, uno de los hijos de Doña Hortensia Benítez (la tamalera) nos preguntaba que si éramos científicos, a lo que entre risas le respondí, ¡No, no somos científicos, somos unos verdaderos tragones!, les dimos las gracias, ellos continuaron su vendimia y nosotros tomamos nuestro camino de regreso, las cervezas hicieron su efecto y acabe súpitamente dormido, de los Tomates Dulces, solo sé que se cultivan en el Paso del arenal, en las Trojes y en el Cerro del Vedado, lo probé y me pareció buenísimo, como para incorporarlo en un postre al plato. Hare algunas pruebas….
2 comentarios:
hola, yo soy de luvianos, y te falto conocer mas la verdad, me imganino que no viste las bellezas de mujeres de este pueblo, y no probaste las demas comidas y bebidas, aprte de los parques reservas y los balnearios, deberias de vistar este pueblo de nuevo
Completamente de acuerdo contigo Erick, volveremos con el tiempo necesario, ojalá y de suerte estés por ahí para que nos des tus recomendaciones. Saludos!
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