
Voy por el camino que lleva a pipioltepec, durante el trayecto que repentinamente cambia de un día soleado vislumbrante de primavera se torna grisáceo acompañado de algunas cortas e inconsistentes precipitaciones, voy pensando en seleccionar un cordero lechal, ese que no pude conseguir en la plaza de luvianos en mis recorridos anteriores, esperanzado de encontrar uno de “esos” que estén apenas destetados para criarlo y después ponerlo en la mesa presentado con la receta que mejor se me ocurra en el tiempo que el se dedica a comer su forraje, pastar en el jardín y echar algunos balidos antes de su fatídica fecha, el desoye.
Chano mi copilo y cancerbero, mejor conocido entre los garroteros (ayudante de mesero) como Casiano (realmente el sobre nombre le viene por el juego de palabras “Casi Asno”), debido a su agilidad para enrolarse y meterse en líos, me guía por la pequeña población de Pipiol, explicándome a detalle los puntos referenciales de su pueblito, guiándome por los pequeños corrales que se esparcen aleatoriamente por un terreno de algunos mil metros en los que se encuentra también algunos cultivos de habas, avena y tomates, mientras esperamos a su tío con el cual se hará el business del ovino pasamos de un corral a otro (si es que le podemos llamar así a los espacios diminutos destinados para la engorda de las diferentes especies que ahí habitan), en alguno de ellos comparten cual condominio reducidos 16mts cuadrados, siete borregos; Cuatro Machos y tres hembras, separados por una improvisada cerca de madera que en su vida útil funciono como tara de carga, ocho cochinos; cinco de ellos en edad media, tres de esos de color negro variopinto, dos rosados y tres crías de algunos tres meses de paridos, por un instante titubee en llevar uno de esos al jardín de mi casa, pero la sola idea de pensar en el chiquero me hizo abortar la idea, mientras escribo esto pienso que probablemente no sea tan mala opción adoptar uno, solo para ver qué pasa. Bueno continuo, de ese primer corral nada, había un borreguito algo curioso, la curiosidad le venía como resultado de la cruza de razas, podríamos decir que tenía un aspecto poco uniforme en color y una altura mal proporcionada a su edad, sin embargo contaba con un aspecto terroso. Caminamos unos cuantos metros quizá algunos veinte, cruzamos por donde tenían al buey y la vaca amarrados del árbol tomando un poco de pasto, nuevamente encontramos un nuevo corralito, este de puros cerdos, atascados de cabo a rabo por las sopas de pan viejo y lodo que había en los tragaderos, continuamos caminando y en un corral un poco mas con este aspecto encontramos vario ternascos, algunos carneros (cordero), y escasas ovejas, entre todos ellos salió el ejemplar perfecto que estaba buscando, un pequeño lanudo de patas y cabeza negra, de inmediato pensaba en el rodapié que haría para las noches de frio y las temporadas de lluvias, enseguida repasaba las diferentes recetas que podrían acompañar al animalito, sin duda la que primero vino a mi mente fue la barbacoa, de inmediato pensé incluso en hacer un pozo en mi jardín para prepararlo de la forma tradicional, ad

obarlo por algunos días y cocerlo debajo de la tierra previamente calentada con leña y piedras de rio que guardaran el calor por algunas catorce horas, imaginaba la carne del animal firme y tersa que aflojaría sus fibras doblegadas por el calor acumulado en el pozo, pensaba en el tratamiento que le daría al animal, casi como si fuera una ternera kobe, masajes y sonidos zen que relajaría esos músculos, frutos que obtendría cuando lo tuviera en el plato validando cada uno de los cuidados aplicados como un futuro consentimiento palatal. Abundante ajo, chile ancho, chile guajillo, ajonjolí, pimienta, clavo, orégano, canela, comino, cebolla, laurel, todos estos ingredientes tostados y posteriormente licuados con un poco de vinagre arroparían probablemente las piezas seccionadas del cordero para hacer una rica birria tatemada, quizá un poco menos complicada al ser preparada en el horno de la casa sobre un baño Maria que tuviera un caldo corto de vegetales donde los jugos del animalito saborizarían lo que posteriormente serviría como base de la salsa con algunos jitomates rostizados sin piel y un poco de su mismo adobo, ya me encuentro salivando por esta delicia de mi tierra…..
Volviendo al asunto del negocio, el hermano del padre de chano empieza la pequeña subasta:
¿Cuál le gusta?, llévese este (señalando una oveja un poco mayor de algunos 8 meses completamente negra) no me disgustaba tanto el animal, sin embargo el felpudo aquel de orejas negras no salía de mi cabeza, el muy cabrón se escondía entre los mayores, como si viera en mis ojos cada uno de mis pensamientos anteriores, imagino que no le agradaría enterarse de que iba eso de las cajas calientes y los pozos humeantes. Mi respuesta fue negativa, la decisión estaba tomada y pagaría lo que fuera por llevarme ese ejemplar al jardín de mi casa, decisión de la cual se había percatado el tío de Casiano, a lo que me empezó a tirar una historia algo así como: Ese corderito ya es de nuestras camadas, resultante de una cruza de ovejas y carneros de otra región, su precio obviamente es más alto……. El tipo se tiro a matar a sabiendas de que no declinaría el precio que el fijara. Afortunadamente la negociación fue razonable, y pude llevarme al pequeño lanudo atado de patas en el interior de la cajuela de mi auto, error, en los 15 minutos de regreso a mi cabaña la cajuela de mi sedan se convirtió en una réplica de su anterior vivienda, olía a establo.

Llegando a casa el muy astuto se las había ingeniado y estaba echado sobre sus cuatro patas sobre el piso del maletero, había sacado un trozo de paca de alfalfa de un costal que me habían dado para alimentarle en lo que le proveía de Forraje. Al bajarlo finalmente a su destino en un lapso de 24hrs se adapto a su nueva vivienda, el maldito se mimetizo con los perros, ahora come algunas croquetas, se mueve en jauría, toma el sol y hace la siesta de media tarde junto con nuestras mascotas, le hemos comprado sus pacas de alimento y ahora porta su flamante collar de cuero rojo, lo que le puso punto final a mis deseos de aprendiz de carnicero. Los perros no protestan por la estadía del nuevo miembro y el “Borrego” rara vez lanza sus balidos. El muy maldito nos tiene enternecidos con su presencia. Les dejo la foto del muy gandaya, con sus ojos de borrego enamorado.